lunes, 26 de mayo de 2008

Libertad, Democracia y Patria


Ya se a qué se refieren en este país cuando hablan de libertad, democracia y patria. Desde fuera, es difícil entenderlo y a menudo nos confunden, ¡¡pero ya lo tengo!!.

Cuando hablan de “libertad” en realidad se refieren al individualismo. Que cada ciudadano sea libre significa que puede acer lo que se le venga en gana, que puede enrriquecerse y aprovecharse del prójimo sin tener que rendir cuentas ni a la sociedad, ni al estado, ni a nadie. Aquí se confunde la libertad con el libertinaje (económico), y a este último lo llaman “libertarianismo”. Cuidado, porque en el resto del mundo “libertario” es sinonimo de anarquista, y los anarquistas, aunque no crean en el estado, si que tienen una fuerte conciencia de lo “colectivo”. Los "libertarios" de EEUU como Ayn Rand desarrollan la "filosofia del egoismo" y para ellos el colectivismo, del tipo que sea, equivale al suicidio.

La democracia es una extensión de la idea de libertad y hace referencia al derecho de todo individuo a ser egoísta, a creer tan sólo en sí mismo, a actuar de la forma que he descrito en el párrafo anterior. En otros países del mundo, más pequeños y escasos en recursos, o donde la historia de ocupación humana ha sido más larga, gestionar la escasez es imprescindible y compartir (por lo menos desde un punto de vista moral), se considera algo bueno. En “América” (este termino que tanto se utiliza aqui es muy importante), nación-continente de espacios infinitos y repleta de recursos naturales, hay suficiente para que cada uno se lo monte a su manera. Compartir no sólo es innecesario, sino (agarrense) ¡¡perjudicial!!. El apoyo mutuo y la responsabilidad para con el resto de la gente, lejos de nutrir y engrandecer al ser humano haciéndolo formar parte de un todo “mayor”, serían una suerte de obligación moral que va contra su naturaleza más básica. Así, según ellos, las leyes que nos obligan para con los demás, en realidad nos hacen esclavos. ¿Os acordáis de cuando Aznar dijo aquello de “porque me tienen que decir a mí con cuantas copas debo conducir”?... pues estaba jugando con esta idea. Desde que estoy aqui no he escuchado la palabra "solidaridad" en boca de nadie.

La patria es la representación simbólica de todas estas ideas. Al contrario que en otras partes del mundo, la patria no se basa en referencias culturales concretas. No hay un origen étnico, un clima, una gastronomía, un sentir musical, un legado histórico concreto que defina EEUU. ¡¡Ni siquiera un idioma!!. El inglés es mayoritario, pero el español es oficial en Nuevo México y se habla más que el inglés en Los Ángeles o en Miami. En Hawaii (que también es EEUU, no lo olvidemos), se habla hawaiano, y en el condado de “Cajoun” la costa de Luisiana hay una población francófona de varias decenas de miles de personas. En EEUU, más que en ningún lado, la patria es una “ideología”. Esos comentarios del tipo “América recompensa el trabajo duro”, “Empecé con una pizzeria en Brooklyn y ahora tengo siete locales en Manhattan”, que tanto hemos oído en las películas. Por eso la bandera, y el himno, y todas esas cosas, tienen tanta importancia, porque es lo único que les une, lo único que les hace sentirse como parte de un “algo”.

Ya está.

No me quedo

Tucson (Arizona), en casa de Brian y Caroline.

Al final no me quedo más tiempo en Las Vegas, así que, si nada lo impide... ¡¡a principios de Junio me estaré tomando unas cañas con todos/as vosotros/as!!. ¿Porqué?. Primero, porque el único motivo que tengo para estar en esta universidad es que mi jefe trabaja en ella; todo lo demás es coyuntural. Dentro de nada terminaré lo que vine a hacer a esta ciudad, y entonces no habrá nada que me ate a ella. Ya hablé con Lars. El proyecto para el que colaboro se desarrolla en Puerto Rico, así que si hay alguna posibilidad de seguir trabajando en él va a ser allí. Segundo, seamos sinceros, soy todo un profesional del optimismo como mera estrategia de supervivencia. Me he esforzado en disfrutar de los aspectos positivos de mi estancia aquí, pero tengo clarísimo que Las Vegas no es un lugar donde me apetezca quedarme más de lo imprescindible. Y no soy el único. Cuando hablas con la gente resulta que casi todo el mundo se quiere largar de la ciudad “del pecado”, es un sitio en el que demasiada gente tiene los ojos puestos en el aeropuerto. Si hay que estar más tiempo fuera de Madrid hay sitios mucho mejores.

Por lo demás, mi jefe ya se marchó a Inglaterra, pero me ha dejado un buen número de encargos y tareas. Tengo que terminar de analizar los datos de nuestro proyecto, también me ha invitado a colaborar con él en un artículo que tiene que presentar en Julio y le estoy ayudando con la revisión de un trabajo para Forest Ecology and Management, así que no paro. En el despacho, tengo nuevos compañeros, Bruce y Beverly, una pareja neozelandesa y adorable que me invita a tomar el té por las mañanas. En cuanto al ambiente en la Universidad, ya terminó el trimestre de primavera y para el de verano la mitad de los estudiantes se dan la fuga, así que el campus se ha quedado tan vacío que a veces da miedito. Ya he recibido la tarjeta de empleado y he empezado a ir a la piscina. Forma parte de un enorme complejo deportivo cuyas instalaciones están estupendas. Al final de la tarde no hay casi nadie. Casi todo el mundo se lanza a los aparatos de musculación o a esas máquinas absurdas que valen para correr bajo techo, y nos dejan la piscina a los cuatro gatos a los que nos apetece remojarnos.

Durante las últimas semanas he conocido a John y de Kallo, dos personajes de lo mejor que he encontrado hasta ahora en esta ciudad. A John lo conocí en la “bicicrítica” local. Está terminando ingeniería industrial y es un tipo ansioso por conocer el mundo, con ganas de todo, que brilla con luz propia entre la mustia comodonería vital de sus amigos. Quiere venirse a Europa en verano, así que a lo mejor lo conocéis. En cuanro a Kallo (se pronuncia “Caló”), es un liberiano que se parece a Shrek tanto en su apariencia física como en su forma de ser, y que estuvo viviendo en Madrid entre el 2004 y el 2007. ¡¡En Plaza Elíptica!!. Lo conocí porque su hermano, el dueño de una tienda de productos africanos en la que paro de vez en cuando, me dio su teléfono. En sólo una semana ya hemos hecho mogollón de planes. También compartí unos días con Alana, una canadiense con guitarra a cuestas que canta como los ángeles y se me acopló unos días en casa. Desde que se marchó para Ontario mi habitación se me ha vuelto a hacer demasiado grande.

En lo que respecta a los fines de semana, los dos últimos me he quedado en Las Vegas, pero el anterior estuve en Tucson, una ciudad pequeña que queda al sur de Arizona. Fui con dos compañeros del depar y estuvimos en el Parque Nacional Saguaro hinchándonos a ver cactus gigantes y pasando un calor de la leche. Tucson me gustó. Está a tan sólo dos horas de la frontera con México, fue México hasta entrado el siglo XIX, y la influencia de México se deja sentir en toda la ciudad. En sus casas achatadas con muros encalados o de adobe, en sus plazas ajardinadas y con templetes de música, en el ritmo de vida de sus habitantes. Hasta el cielo, más amplio y claro, es diferente allí. A las afueras de Tuscon hay alguna que otra misión colonial abandonada y algún que otro campamento de sin papeles por donde merodean los todoterrenos enrrejados y funestos de “la migra”, la temible policía de fronteras. Una tierra de transición entre el aquí y el allá convertida de golpe y porrazo en área de máxima seguridad para los que abren puertas al capital y se las cierran a la gente.

Hablando de inmigrantes, quiero que sepáis que me han dejado enormemente impactado las noticias que han estado llegando de Italia esta semana. Los napolitanos quemando las chabolas de gente que no había cometido más delito que vivir en la miseria, Umberto Bossi hablando de “caza al gitano” sin cortarse un pelo y Berlusconi con sus cuarenta ladrones aprobando una ley para meter en la cárcel a los sin papeles. La Italia opulenta y arrogante no quiere ver pobres y los convierte en criminales. Por ley. Creo que por unas semanas se me han quitado las ganas de ir a la Venecia artificial a pasear.

Bueno, voy a cambiar de tema para espantar la rabia y las pesadillas. Terminaré este correo hablándoos de meteorología. Y es que en Las Vegas ya es verano. No hay primavera en esta ciudad. No ha habido espectaculares tormentas de Abril de esas que chafan mis fiestas de cumpleaños y hacen atragantarse a las alcantarillas. Al invierno y sus heladas lo siguieron algunas semanas de sol suave y hace unas semanas llovió un par de días. Unos vientos que cambiaron y trajeron una borrasca desde Centroamérica, donde ya ha empezado la estación de lluvias. Cayeron un par de gotas olorosas a vegetación espesa y a frijoles, y al rato después empezó el infierno. El domingo pasado ya rebasamos los cuarenta grados y la ciudad está poseída por un calor furioso. Un calor que te levanta de la cama a bofetadas, que se pasa el día devorando la calle y tocando las narices por la noche. Un calor amplificado por el calor que echan a la calle los aparatos de aire acondicionado de las casas, por las vaharadas tórridas procedentes de los establecimientos de comida rápida, y por las reverberaciones que emiten los campos de asfalto de los aparcamientos. El insoportable calor que hace famosa a la ciudad y que aún no había experimentado.

Bueno, os dejo por hoy, pero antes os diré que por fin he descifrado lo que quieren decir en este país cuando hablan de libertad, de democracia, de patriotismo. El otro día me vino la inspiración mientras cortaba la cebolla para una ensalada. No he incluido estas reflexiones en el correo porque iban a hacerlo demasiado largo, pero las tenéis en el blog. Se que a muchos de vosotros os va a gustar leerlas.

A las madrileñas, seguid cuidando de Madrid en mi ausencia.