domingo, 30 de marzo de 2008

Concha Buika

Entrevista en "El País Semanal" (08/06/06)

Usted estuvo en Las Vegas trabajando, haciendo imitaciones de Tina Turner. ¿Qué le pareció la experiencia?

Extraño. Nunca había estado en un lugar tan deshumanizado [...] No entendía nada del entorno, absolutamente nada. Todo era como un sueño de Kafka. Pero era un mal sueño del que uno puede disfrutar.
¿Cree que Las Vegas es la metáfora de todo Estados Unidos?

No. Las Vegas no existe realmente, es cartón piedra en medio del desierto. Nadie es de Las Vegas [...] Estados Unidos no es un país en el que las personas vivan conscientes de estar unidas. Se lo pierden todo. Viven mal [...] No son conscientes de lo que es el latido. Son muy extraños. Son muy fríos. Hasta el amor lo tienen medido.

Entrevista completa aquí

sábado, 29 de marzo de 2008

Mount Charleston, fotillos y comentarios

"Mount Charleston south loop trail" (18/03/08)

Este soy yo en la subida al Mount Charleston, y detrás de mi tenéis un Abeto blanco (Abies concolor) gigantesco. La foto es de Mike, mi compañero. No llegamos a la cima porque había demasiada nieve y no llevábamos crampones, pero bueno, se intentó. El Mount Charleston esta en las "Spring Mountains", a las que se llega en una hora desde Las Vegas. Esta es mi "sierra de Guadarrama" aquí.


Vista del "Griffith peak" (2830 msnm) desde el "Mount Charleston south loop trail" (18/03/08)
Este es el aspecto general de las montañas. Son calcáreas, como los picos de Europa, y se elevan de repente en mitad del desierto. Su nombre hace referencia a los manantiales que nacen en las mismas.

El Gran Cañón, fotillos y comentarios

Gran Cañón desde el "rim trail"



Este es el Gran Cañón del Colorado, que está en medio de una meseta calcárea cubierta de pinares en la que hace un frío que pela. Es algo así como el "Alto Tajo" pero a lo bestia.



Bighorn sheep (Ovis canadiensis)


Este es un muflón joven ("Bighorn sheep" que los llaman aquí) que posó para mí durante un rato a pocos metros del camino.

Turkey vulture (Cathartes aura)

Y aquí tenemos un buitre rojo, que, para los que hayáis estado en centroamérica, es una especie de Zopilote grandón de climas templados.

Reflexiones a casi tres meses

Hoy podría contaros que antes de semana santa estuve a punto de morir de curro (pedir una “Juan de la Cierva” a distancia es lo que tiene), que durante la semana santa vino a visitarme mi familia, y que estos días atrás he tratado de recuperar la rutina y sacar buenos resultados para el proyecto (hay cosas que no están saliendo como esperábamos y tanto mi jefe, como yo, como el resto de la gente con la que trabajamos, empezamos a ponernos nerviosos). Sí, hoy podría contaros todo eso y un montón de anecdotillas más o menos graciosas, pero no me apetece. Y no es que esté de mal rollo, nada que ver, lo que ocurre es que dentro de poco van a hacer tres meses desde que llegué a este rincón del mundo y llevo unos días haciendo una especie de “evaluación” de lo que ha sido mi estancia aquí.

La verdad es que no me ha ido mal. Como os he dicho tantas veces en estos correos y en alguno a título personal que os he escrito, estoy muy a gusto en el trabajo, donde recibo un trato exquisito por parte de mi jefe y del personal del departamento, y el tiempo me cunde muchísimo, la casa en la que vivo es un lugar que emana cordialidad y ya empiezo a conocer gente con la que hago cosas. En cuanto a los fines de semana, alguno he dormido la mona o he ido a currar al depar, pero han sido los menos. No estoy saliendo tanto como en Madrid, pero me escapo con más frecuencia. Las Vegas es un lugar privilegiado para descubrir la naturaleza del suroeste. En un radio de 400 km tengo más de treinta espacios protegidos (montañas espléndidas, dunas, desiertos, altiplanicies, cañones), y como los estadounidenses miman sus parques, siempre es un placer visitar cualquiera de ellos.

Si me escapo es, sin embargo, porque todavía no logro acostumbrarme a la ciudad en sí más allá del curro. Y no me refiero tanto al rollo “freak” de los casinos, que en dosis justas, tiene su gracia, sino a todo lo demás, a los inmensamente extensos barrios de “casitas” (algunas “monas” y otras no tanto) que se extienden alrededor de estos a lo largo de varios miles de kilómetros cuadrados. Este es el problema, los inmensos “suburb” que constituyen Las Vegas en realidad. Perdonad que insista en el tema, no quiero resultar quejica, pero este estilo de vida en el que cada uno vive a su puta bola y hace falta coger el coche (en mi caso la bicicleta), hasta para explotarse un grano, no va conmigo.

Y que se puede hacer un fin de semana en Las Vegas a parte de darse rulos por los “casinos”, asistir a sus “espectáculos” o tomarse una copilla. Pues no mucho. Las instalaciones deportivas brillan por su ausencia (hay sólo UNA piscina cubierta en toda la ciudad, es decir 1.200.000 habitantes), en la mayor parte de las librerías (a excepción de la de la universidad), sólo venden formularios legales, biblias y libros de autoayuda. Los teatros están en los casinos y tan sólo he visto un par de complejos de multicines. Comparad con cualquier ciudad española (o de otros países del mundo) de la misma población, y os daréis cuenta de lo que os hablo. Más allá del mundo académico en el que me muevo día a día existe otro mundo bien distinto, y este es bastante mediocre, feote, y más bien soso. Ahora entiendo porque algunas universidades de los EEUU como Princeton o Stanford están donde cristo perdió el mechero, alejadas de todo. Bueno, y en cuanto a la militancia, mejor ni hablamos; si estuviera en Los Ángeles o San Francisco habría posibilidades, pero aquí, hace tiempo que me di por vencido.

Alguno de vosotros me dijo que si el único problema es la estructura de la ciudad, entonces no es tan grave. El problema es que la estructura de los lugares donde vivimos condiciona la forma en que pensamos y nos relacionamos los unos con los otros. Si no hago vida de barrio es porque el “barrio” no está en ninguna parte. Esta ciudad no es una ciudad al modo de las nuestras, es un mero reflejo territorial de la actividad económica, de esta sociedad, que no es si no una “cancha” en la que cada uno puja por sacarse más dólares que el vecino. El sentido de “comunidad” es bastante débil en los EEUU, y en esta ciudad, edificada de la noche a la mañana, lo es aún más. Esto no es una sociedad, es una cancha En Europa, o en América latina, una parte importante de la gente aspiran a “vivir bien”, a tener sus necesidades cubiertas, a ser felices, a disfrutar, tal vez, de algún capricho especial. Aquí, mucha gente aspira a “hacerse rica”. Va más allá de la charla de hace un par de semanas, son las otras tantas similares que vi anunciadas, los CDs con cursillos sobre el tema que anuncian en la “teletienda”, las “auditorias” de la “Iglesia de la Cienciología”... la obsesión por el éxito personal está en todas partes.

¡¡Todo es tan aséptico!!. De no ser por la gasolinera, por el diminuto “Lorenzi Park”, lleno de “homeless” pidiendo cigarrillos y dólares sueltos, y el “Ranch supermarket” con sus vendedoras de tamales, a veces uno tiene la sensación de que la VIDA, así, en mayúsculas, es algo ajeno, que queda ahí fuera; en las grandes ciudades del país, en el ruido y el humo de nuestros bares, en ése mundo revuelto en el que hay personas que montan una fiesta con una lata vacía y una botella de ron, y otras que pasan hambre, o que tiran piedras, o que cruzan fronteras. Los casinos no son sino un decorado para turistas. Las Vegas es una ciudad diseñada para pasar un par de días en ella. Concha Buika (la cantante flamenca), estuvo viviendo seis meses aquí, haciendo imitaciones de Tina Turner, y la semana pasada leí un par de cosas que dijo sobre la ciudad en una entrevista que la hicieron en “El País”. Pues bien, las subrayo totalmente.

Pese a todo, estoy contento porque la jugada no me está saliendo mal. He descubierto las cosas que me gustan de vivir aquí, y con ellas ando. Sin embargo, tengo más claro que nunca que no me gusta la forma de vivir de esta gente, EEUU es un sitio que hay que conocer, esta bien para pasarse una temporada, centrarse en el curro, mejorar el inglés y experimentar “el imperio” desde dentro, pero ya. Nuestra forma de vivir (y la de otra gente en otros países del mundo), es mucho más sana.

Bueno, ya habéis leído bastante por hoy. Deciros que en el blog he puesto algunas fotillo de esta semana santa, del “Mount Charleston” y del Gran Cañón. Y han quedado bien chulas.

sábado, 8 de marzo de 2008

Cómo hacerse rico

"Death valley", en primer plano, un "Cotton-top cactus" (Echinocactus policephalus)


La semana pasada comenzó con la visita de Karl Stetter, un el microbiólogo alemán que descubrió las “arqueobacterias”. El departamento le entregó el premio al investigador del año y hubo una conferencia, una cena, una fiesta, y una salida de campo en su honor. La conferencia fue interesantísima y multitudinaria, la cena, un “buffet” interminable, y gracias a la fiesta conocí a compañeros de trabajo que aún no sabía ni que existían. En cuanto a la salida de campo, fue a “Death Valley” el segundo parque nacional más grande de los EEUU, una enorme depresión entre montañas con un clima infernal, dunas y enormes llanuras desoladas. Otro lugar hermoso y solitario en el que conducir millas y millas sin ver rastro alguno de presencia humana. El “Death Valley” está a tres horas de las Vegas, en el estado de California, y decidimos dormir allí para aprovechar el fin de semana. El lugar elegido fue “Panamint Springs”, una aldea diminuta en medio de la nada; apenas una gasolinera, un restaurante, una iglesia, una docena de casas de madera y chapa al más puro estilo “far west”, y unas cuantas calles con sus “estepicursores” (esas plantas que ruedan con el viento). En el restaurante había muchos seres rurales y peculiares que parecían sacados de South Park y afuera, más allá de las tiendas de campaña, los coyotes ululaban.

También nos visitaron los “perspective students”, esto es, la gente que quiere hacer el doctorado en el departamento al año que viene. Concertaron una entrevista con sus futuros directores y también con los que hemos sacado el título de doctor recientemente, para que les contásemos nuestra experiencia. Ésa tarde me sentí un poco abuelo cebolleta y hablé tanto inglés que horas más tarde, volviendo a casa, cuando un mexicano me preguntó si sabía donde estaba la “Federal Credit Union” (una especie de “Caja de Ahorros”), os juro que me quedé trabado y me costó contestarle.

Deciros también que durante este tiempo he asistido a varias charlas fuera del departamento. La semana pasada a dos conferencias que organizó la “Asociación de Estudiantes Negros” con motivo del aniversario de la muerte de Martin Luther King. Había pocos blancos y yo era uno de ellos. Muchos me dieron las gracias por asistir y la “presidenta” me pareció una tipa encantadora y con un carácter genuino. Esta semana fui a otra bien diferente, su título; “Cómo hacerse Rico; dime lo que quieres y te enseñaré como conseguirlo”. En serio. Estaba patrocinada por un casino y el conferenciante era Bob Proctor, un personajazo del quince. Cuando dijo al público “Si hacéis lo que os digo, en veinte años podéis ser millonarios” poniendo cara de póquer casi salto de la risa. Hubo miradas cómplices con otra gente que fue allá por puro morbo, como yo, pero otra gente tomaba apuntes y mostraba una atención inusitada. Al final hubo sandwiches gratis y mucho buen rollito. Fue toda una experiencia antropológica, ¡Que pena no haber tenido la cámara!.

Deciros también que poco a poco voy organizando los datos del “LRE experiment” y ya van saliendo los primeros resultados. A partir de ahora voy a tener una reunión semanal (y no quincenal) con mi jefe, y voy a intentar dosificarme el curro entre semana para no salir tarde. ¡Ah!, y el incidente aquel en la Oficina de la Seguridad Social al final quedó en nada. Fui a inmigración a contar lo sucedido y la funcionaria se limitó a decirme que no era asunto suyo. Toma ya. Esta es una sociedad en la que cada uno tiene su cometido y es imposible pedirle que se salga de ahí, donde la improvisación y la versatilidad no existen. Eso en algunas circunstancias (como con la funcionaria de la seguridad social), no ayuda, pero en otras (como con la funcionaria de inmigración), si. En fin, que parece que he resuelto el marrón. El calvario burocrático no ha terminado (he tenido que solicitar la tarjeta de nuevo), pero como ya me han dado el número de la seguridad social, Ala “el hawaiano” uno de los secretarios del Departamento, ha podido hacerme el contrato y por fin me han pagado los dos meses que me debían. Esta noche saldré a celebrarlo por el “Downtown”.

Y nada más chavales/as, bueno sí, que es un placer escribiros y que espero que todo vaya bien por allá. Este señor les desea una feliz semana post-electoral gane quien gane. ¡Ah! y disfruten de la primavera.

domingo, 2 de marzo de 2008

Una matricula (de bici), ocurrente

"Montar en bici, un argumento silencioso contra las guerras del petróleo"

Vi esta placa en una de las bicicletas aparcadas en la UNLV. Me gustó, y por suerte tenía la cámara a mano, así que fotazo al canto.

Problemas

Proximidades del "Bowl of Fire"

La última vez que os escribí estaba a la espera de una reunión con mi jefe el día 13. Desde entonces han pasado muchas cosas, algunas bastante buenas y otras, especialmente una que ha ocurrido hoy, no tanto. Empezaré por las primeras.

La reunión ansiada llegó, pasó, y ahora tengo unas cuantas carpetas, un puñado de libros de estadística y un CD más en mi escritorio. A todo este material he estado dedicado en cuerpo y alma durante los últimos días, especialmente el CD. El proyecto en el que voy a trabajar lleva rodando desde hace ocho años y hay LA PILA de datos. Creo que no había trabajado con archivos de excel tan grandes en mi vida, y los que os dedicáis a esto sabéis de sobra que la estadística es una novia generosa, pero que exige sus mimitos. En definitiva, que he empezado con la mala costumbre de salir tarde del trabajo. Pero no os asustéis, estoy bastante ilusionado con lo que esto pueda dar de sí y el tiempo se me pasa volando.

Además, de vez en cuando hago un descansito y me pongo a charlar con mi compañero de despacho, Andy, un genetista algo tímido, pero buena gente. A veces alimentamos a su tarántula con pequeños insectillos que encuentro en el “atrio”, un jardincillo interior que tiene el edificio. También voy a la secretaría a dar palique a las tres secretarias; Cris (coreana), Amanda (mexicana) y Ala (hawaiano), que son tres pares de sonrisas.

El fin de semana pasado me uní a una salida de campo de la asignatura “Ecología Vegetal”, estuvimos en el “Bowl of fire”, una caldera en medio del desierto rodeada de montañas de color cobrizo. Recorrimos la zona viendo las adaptaciones de las plantas de la zona a la escasez de agua y a las grandes oscilaciones térmicas, y luego comimos en lo alto de unas peñas desde las que se contemplaba un valle inmenso y vacío que me recordó un poco a las “Cañadas del Teide”, en Tenerife. Me gustó mucho la actitud de los estudiantes, que al igual que en los seminarios y clases a los que he asistido, no paraban de hacer preguntas y de compartir conocimientos. Tienen bien metido en la cabeza eso que uno sólo aprende si participa, y es asombroso. Por otra parte, nos hizo un tiempo fabuloso y el cielo era de un azul intenso. Un día redondo.

El desierto es hermoso, pero también cruel. El primer percance que tuve en estos días fue la tormenta de arena que tuvo lugar el miércoles pasado. Hubo vientos de más de 80 km por hora, los semáforos se balanceaban sobre las avenidas, las palmeras agitaban sus melenas, y en la calle volaban cartones y ramas rotas. En un cruce de calles mi bici salio VOLANDO hacia un aparcamiento cercano (con pocos coches, por suerte), y tuve que coger un taxi. Llegué a casa tarde y con un peinado como el del cantante de los “Cure” pero “cardado” a base de viento y polvo.

Sin embargo, lo de la tormenta, más que una putada, fue una anecdotilla. Lo de hoy si que ha sido fuerte. Y es que he sido esposado (en las muñecas) por una hora. Como os lo cuento. Resulta que hoy por la mañana he ido a las oficinas de la Seguridad Social porque solicité mi tarjeta hace un mes, me dijeron que en quince días me llegaría a casa, y ya ha pasado un mes y todavía no la tengo. Le he comentado esto mismo a la funcionaria que me ha atendido y lo único que me ha dicho es que si mi nombre no figura en el buzón tengo que solicitarla de nuevo. He intentado pedirle alguna explicación más y ha seguido diciéndome la misma frase, como un disco rallado. En esto me ha empezado a cerrar la persiana eléctrica de la ventanilla y, poniendo mis manos en esta última le he dicho que me escuchara. Bueno, pues la persiana se ha parado y la tipa ha llamado a los seguratas del edificio diciéndoles que estaba impidiendo su labor y que había dañado un edificio de propiedad federal. Los seguratas me han puesto un pedazo par de esposas, me han dicho las acostumbradas frases de las películas “You have right to remain silent... etc, etc” y me han llevado al patio para que les explicara que había pasado. Por suerte han sido bastante más comprensivos que la mujer de la ventanilla, han llamado a un federal que ha comprobado mis datos, ha agradecido mi actitud “cooperativa” y ha terminado desesposándome. Sólo me ha dicho que tengo que ir a inmigración a comentarles lo ocurrido. Supongo que ya tengo “antecedentes”. Cuando se lo he contado a Lars me ha pedido disculpas y me ha dicho que no va a pasar nada. Me ha comentado, sin embargo, que tenga cuidado con algunas cosas. Pedirle explicaciones a un funcionario puede ser algo normal en España, pero aquí, donde demasiada gente tiene miedo de demasiadas cosas, puede traer problemas.

San Francisco, la política y el pecado

Con Oli en "Mission Dolores" Park

Mural en Chinatown

Esta semana ha empezado con un par de días un poco deprimentes, y es que tras haber estado en San Francisco no dejo de preguntarme que coño hago viviendo en esta ciudad. Las vistas de la bahía con sus colinas verdeantes y envueltas en niebla, las casas decimonónicas, las calles en cuesta, el metro, los tranvías, las bicicletas por todas partes, los gigantescos parques plagados de gente y de música, las plazas, los barcos de pescadores en el muelle... Una ciudad increíble, sin duda la mejor de EEUU.

A parte de todo eso, tres cosas han hecho grande este fin de semana; la primera... ¡¡que me encontré a Oli, un amigo de Madrid, en una esquina de Chinatown!!. Ha sido fantástico, hemos pasado todo el fin de semana juntos y me ha presentado a una gente fabulosa. La segunda, que localicé un pequeño restaurante familiar propiedad de nicaragüenses en el que hacen unos nacatamales deliciosos, y la tercera, que conocí un vasco en el consulado que vive cerca del parque nacional de “Yosemite” y que me ha prometido alojamiento gratis si voy para allá.

San Francisco es también u enclave “liberal” (palabra que aquí quiere decir “izquierdista”). Es donde nació la contracultura de los años 60 y el legado de aquella época aún se respira en algunos barrios de la ciudad, particularmente en “Haight Ashbury” y en “Mission”. En este último hay innumerables mercados callejeros, cines, librerías, tiendas de segunda mano y murales espectaculares con elevado contenido político. MUCHAS tiendas muestran carteles contra las franquicias y a favor de los comercios de barrio, y MUCHAS casas muestran carteles en inglés y español contra la guerra de Irak. Todos los tópicos de este país pueden ser ciertos en otros estados y en otras ciudades, pero no en esta.

Bueno, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid os hablaré un poco de la política de este país. Aunque lo esperaba, me ha sorprendido la abrupta división entre quienes apoyan la política del presidente Bush y quienes la detestan. También me ha sorprendido que usen los términos “derecha” e “izquierda” para referirse a los republicanos y a los demócratas respectivamente. A veces escuchas el término “progressive”, que a mi me suena a bakaluten valenciano, pero significa “progresista”. Hace tiempo que el país no vivía una epidemia de euforia política de tal envergadura. En la radio y en la televisión hay debates a todas horas, y como ningún otro partido excepto los demócratas y los republicanos puede llegar al parlamento, las “primarias” se convierten en algo crucial para que triunfen unas u otras tendencias en cada uno de los bloques. La mayor parte de la gente del departamento apoya a los “demócratas”. Las corcheras de secretaría están llenas de artículos de “The Nation” (el “Le Monde Diplomatique” de aquí) y de chistes corrosivos sobre la política exterior de la administración Bush, y durante el café de los miércoles a veces se enzarzan los partidarios de Hillary y de Obama.

He leído los programas de ambos y me ha gustado mucho más el de Obama, que entre otras cosas, es el único que ofrece un plazo concreto para la retirada de Irak. También promete una mega-inversión en la sanidad pública. Su madre murió de cáncer a los 53 años por no poder pagar la operación y no deja de mencionar a los 50 millones de estadounidenses que no poseen ningún tipo de cobertura médica. Hillary cautiva a las mujeres blancas mayores, y por alguna extraña razón que no he podido descifrar, a los hispanos. Obama se lleva de calle a los negros y a los jóvenes universitarios. En el estado de Nevada, en el que hay muchas mujeres mayores y muchos hispanos, ganó Hillary. Me gustaría que las primarias demócratas las ganase Obama, pero dudo que lo haga, aunque ha hecho malabarismos para financiar su campaña (aquí si no eres millonario lo tienes jodido para presentarte), tiene a demasiada gente importante en contra, y no van a dejar que llegue a la presidencia.

En cuanto a los republicanos, pensaba que Rommey se iba a llevar el gato al agua, pero dimitió este fin de semana porque al parecer no gustaba demasiado a las bases del partido. La cosa va a estar entre el “abuelito” McCain y Huckabee, que encandila a la América profunda con su afilado verbo de predicador. Hay también otros candidatos de los que apenas se habla en España; Ron Paul, el “anarco-capitalista” que quiere suprimir el IRPF, y Kucinich, otro demócrata que pretende sacar las tropas de Irak en menos de un año y al que no apoya casi nadie excepto mi jefe.

Durante estos días también he reflexionado un poco acerca del pecado. A Las Vegas la llaman “sin city” (la ciudad del pecado), pero yo no le veo pecado ninguno a pasarse seis horas delante de una maquinita luminosa dejándose el sueldo de los últimos meses y mirándole el culo a las camareras. Cualquier noche en San Francisco, en Madrid o en Cuenca, leer según que libros o escuchar según que canciones puede ser más pecaminoso. ¡¡Que viva Jack Kerouac y que viva Joaquín Sabina!!.

Ya tengo casi terminado el artículo sobre el Trema micrantha y mañana día 13 tengo reunión con mi jefe. Van a ser varias horas, así que me voy a sobar.

Aquí al lado

Bridge Mountain (2338 msnm)
Esta montaña está tan solo a 45 minutos en coche desde mi casa. Su nombre hace referencia a un paso elevado sobre el vacío que hay que cruzar para llegar a la cumbre, a modo del "paso de Mahoma" de nuestro Aneto. Vamos a ver si un día subimos allá arriba.

El día que nevó

Valley view Road con el "sheep" range nevado al fondo
28 de Enero, 7:00 am

Sobre el depar, el hogar y la vida cotidiana


A diferencia de las primeras semanas, en las que me pasé los días de un lado para otro, buscando casa y haciendo papeleos, esta que termina ha sido mucho más tranquila.

En el departamento, por fin parece que he empezado a tener una rutina. De momento no he empezado a trabajar con los datos del LTER de Puerto Rico, Lars está muy liado preparando las clases del semestre que viene y corrigiendo los exámenes del anterior y me ha pedido tiempo hasta el 13 de Febrero, día de nuestra próxima reunión, para organizarme un archivo ENORME (según sus propias palabras) con todo lo que tiene de allá. De momento ando preparando el último de los artículos de mi tesis (el único que aún no he enviado), y he alucinado con el número de publicaciones a las que tengo acceso desde la página web de la biblioteca. También he empezado a conocer un poco más a mis compañeros de trabajo y a participar en las distintas actividades semanales del departamento: el café de los miércoles, el seminario de los jueves, las cervezas de los viernes por la tarde.

En cuanto a la casa, deciros tan sólo que ha satisfecho totalmente mis expectativas. Karla y Rachael son encantadoras, y sus mascotas no dan tanto el coñazo como llegue a temer. Al igual que en Madrid, al llegar el curro me encuentro con un sitio acogedor y agradable. Lo que resulta asombroso es que la casa está totalmente TECNIFICADA, llena de maquinas extrañas y complejas que son usadas para las tareas mas simples. Sospecho que debe ser algo común en los hogares de este país, para hacer cualquier cosa siempre hay un “gadcheto-algo”; el “can-opener”, el “rice-cooker”, el “home-mixer”. El día de mi primera colada les pregunté a mis compas donde podía colgar mi ropa para que se secara, y me mostraron una enorme secadora en un rincón del garaje, ¿Realmente hace falta una secadora en una región como está, en la que la humedad relativa casi nunca sube del 50%?... ¡¡con lo bonito y ecológico que es canturrear mientras se cuelga la colada!!.

Estoy feliz también porque aunque aquí no hay BAH ni mercados de barrio, cerca de casa existen dos sitios fabulosos para hacer la compra, el “Trader Joe´s”, un supermercado californiano en el que sólo venden comida orgánica y procedente de pequeños productores, y el “Ranch Supermarket”, a tan sólo una manzana y especializado en productos latinoamericanos. El primero es un sitio ASOMBROSO que siempre está lleno de gente, lo que desmonta el mito de los estadounidenses como adoradores de la comida basura. Por lo menos en esta región, hay de todo como en botica. En el “Ranch” tienen tortillas de maíz y “Flor de caña”, mi adorado ron nicaragüense, a sólo seis euros la botella. Los domingos por la mañana el aparcamiento se llena de vendedores ambulantes de tamales que ofrecen su mercancía a voz en grito. Es maravilloso.

También he salido un par de noches por la ciudad y no está mal. He descubierto un par de bares bastante chulos de estética malasañera (“neoyorquina”, dicen por aquí). En “The Griffin” ponen cosas tipo Ramones, Grateful dead y Lenny Kravitz, y es un sitio muy bueno para conocer gente. El “Salon of Beauty” tiene música tipo “Sala el Sol” y es un sitio fantástico. El viernes pasado hubo sesión funky y el lugar se llenó de bellezas negras y “nipo-americanos” bailongos. Deciros también que esta semana he entablado contacto por primera vez con razas que no conocía (no penséis mal); me han presentado a un hawaiano y el otro día estuve charlando con un nativo americano, un “indio” pero no de los de la india.

Deciros también que esta semana hizo bastante frío y un día las sierras que rodean la ciudad amanecieron nevadas. Ayer precisamente estuve en una de ellas, en el parque natural del “Red Rock Canyon”. Subimos por un barranco profundo, desde la base, con vegetación típica de los desiertos de la zona, hasta la cabecera, donde tocamos la nieve. Por el camino, aguas cantarinas, roquedos espectaculares, ejemplares aislados de “Pinus ponderosa”, y enebros gigantes, “encinares”, sí como lo oís, de una especie de encina que no es la nuestra pero se parece. Y todo ello a MEDIA HORA de las luces de neón y las avenidas con cuatro carriles a cada lado.

Por cierto, el fin de semana que viene me marcho a San Francisco. Pensaba conocer esta ciudad, aunque no tan temprano, lo que ocurre es que si quiero votar en las elecciones (y eso es algo que ESTE AÑO está fuera de toda duda), tengo que darme de alta personalmente como residente temporal en el consulado que me corresponde. Y éste es el de la ciudad del “Golden Gate”.

Bueno, nada más que no quiero machacaros. El próximo correo, esta vez sí o sí, os hablo de los “caucus”, y de como se están viviendo los meses anteriores a las elecciones de por aquí.

Que tengáis una feliz semana.

Primera semana



Mi primera semana en Las Vegas ha resultado ser, posiblemente, una de las más surrealistas de mi vida, y juro por lo que sea que tengo unas cuantas a mis espaldas. Durante los tres primeros días me quedé en casa de Lawrence (Lars) Walker (mi jefe) y su esposa Libby, y me dediqué básicamente a la buscar casa, a hacer recados, y a hacer papeleos en el departamento. Luego he estado cuatro días en Puerto Rico, sí, como lo oís, en Puerto Rico del Caribe, y luego, he vuelto a casa de Lars y Libby y me he vuelto a dedicar a las mismas tareas que al principio. Creo que jamás he cogido tantos aviones en tan poco tiempo. De seguir así, este año mi “huella ecológica” va a subirse a la estratosfera por mucho que siga yendo en bici al curro y comiendo verdurita ecológica.

Empezaré por lo básico; mi vuelo de ida a los EEUU con escala en Philadelphia y con un inquietante sobre del “Department of Homeland Security” (DHS) (Departamento de Seguridad Interna) grapado a mi pasaporte. No hubo ninguna pregunta difícil durante la entrevista que me hicieron en la aduana, sí el aparatoso ritual de las huellas dactilares y la foto digital. Lo que si me hicieron fue abrirme la maleta. Y lo hicieron sin que yo estuviera delante, en la escala que hice en Philadelphia. No os imagináis la mala ostia que me entró cuando abro mis cosas en Las Vegas y me encuentro todo revuelto, distinto a como lo dejé en Madrid, y una nota del DHS; “... we apologize for the inconvenience caused”. Eso se llama educación.

No fue una buena bienvenida, pero Lars y Libby compensaron de sobra el trato humillante de los funcionarios de aduana con la acogida que me brindaron durante los primeros momentos. Su casa está en Boulder City, un pueblo de 4000 habitantes a 40 Km de Las Vegas, y es un lugar encantador. Construida en los años treinta, en madera, tiene un tamaño extrañamente humano y acogedor para lo que se ve por aquí, y por dentro está llena de máscaras indias, batiks, edredones y tapices caseros, libros de ecología, política y cocina vegetariana, y discos de jazz. Un lugar de esos en los que uno se siente a gusto venga de donde venga. Aluciné con el paisaje de los alrrededores de Boulder City y de Las Vegas, por supuesto; un desierto implacable plagado de llanuras plomizas y sobrecogedoras, montañas arrugadas y arbustos extraños, diferentes a todo lo que he visto nunca. También me gustó el campus de la UNLV, moderno, funcional y lleno de avenidas orladas de palmeras, plazuelas con mesas, edificios “temáticos” (auditorios, bibliotecas, centros de investigación), y pequeños “arboretos” que son pequeños jardines botánicos en los que se muestra la vegetación del desierto. En el departamento se respira un ambiente bastante bueno y los despachos de los profesores, los becarios y los investigadores contratados son amplios y luminosos. Vamos, que dan ganas de currar.

Ha sido difícil, sin embargo, la búsqueda de un lugar para vivir, y la mayor parte de las casas que he visto me han parecido sencillamente horribles. En general he encontrado dos tipos de lugares; casas compartidas y apartamentos. Las casas compartidas son el equivalente a nuestros pisos compartidos y suelen estar habitadas por estudiantes y trabajadores jóvenes (lo que serían los “mileuristas” de aquí). Muchas de las que están disponibles aparecen en la “craiglist”, una página web dedicada a poner en contacto a gente que busca casa y que compra y vende cosas de segunda mano. La mayor parte de las que he visto eran lugares grandones y feos, desangelados, y entre sus habitantes se respiraba un individualismo hiriente, bastante chungo. En las casas me he encontrado también, con muchísima gente mayor, solitaria y desesperada, que viene a esta ciudad a buscar la oportunidad que su lugar de origen no les ha brindado. La mayoría de estas personas tiene una mirada huidiza, triste, y vive rodeada de muebles viejos y facturas que no puede pagar. No, las casas no eran precisamente acogedoras, sin embargo, los “apartamentos” resultaron ser sencillamente horribles. La mayor parte de ellos forman parte de edificios aislados de una o dos plantas, a veces, en largas hileras que son como de pesadilla. Muchos de ellos están pintados de color marrón o gris sucio (toma ya el gusto estético de esta gente) y tienen por ventanas estrechas franjas rectangulares. Eso sí, casi todos cuentan con aire acondicionado, televisión por cable e inmensos aparcamientos alrededor, grandes como no he visto en mi puta vida. Dependiendo del precio, los apartamentos son ocupados por hombres de negocios, representantes comerciales, trabajadores de otras ciudades, o gente con pocos recursos. Yo, de momento, aspiro a los últimos.

En uno de los sitios que visité tuve la sensación de que vivir allí sería como vivir en el traspatio de un “Carrefour” o de Mercamadrid; asfalto y coches por todas partes, cubos de basura, buzones que parecían nichos y alguna palmerucha encorvada “decorando” la escena. Ni árboles, ni balcones, ni lugares para hacer vida comunitaria... ni un sólo detalle que inspirase habitabilidad o ternura. Para rematar la escena, estaba atardeciendo y la luz era pobre, y en el cielo, a lo lejos, un gigantesco avión militar de la cercana base de Nellis levantaba el vuelo haciendo un ruido insoportable; encantador. La peor favela brasileña, el más hediondo barrio de chabolas de centroamérica, o incluso nuestras “Barranquillas” repletas de yonquis pinchándose eran más acogedoras que aquel lugar, seguro. Los “apartamentos” tienen una relación calidad/precio desastrosa, y suelen estar sin amueblar, así que, como no quiero fundirme la pasta en un sitio que no me gusta ni pasar una semana entera pensando en comprar muebles de segunda mano, los mandé a la mierda enseguidita.

Por suerte, encontré casa ayer. Voy a vivir con dos chicas, una yanqui de Nuevo México que trabaja de enfermera y una mexicana de Sinaloa, bastante guapa, por cierto, que curra de camarera en un casino y estudia Psicología en la UNLV. Es una vivienda de una planta en un “suburb” o barrio residencial (aquí no hay otra cosa), en la que ya llevan varios años. Es sencilla, pero parece un hogar (algo a lo que el resto de sitios que he visto no llega ni por asomo). En cuanto entré me gustó; telas en los sofás, incienso, dos gatos... hablaban mucho y rápido, en inglés y en español, y me invitaron a un zumo de frutas natural que me supo divino. En la breve conversación que tuvimos, Karla, la mexicana, me dijo que admiraba a Zapatero por haber retirado tan rápido las tropas de Irak tras haber ganado las elecciones “es raro que un político se arriesgue a cumplir sus promesas tan rápido”, me dijo. Definitivamente, era el sitio. Mañana me mudo y no sé que pasará a partir de ahora, pero el lugar me da buena espina.

Aún así, la casa de Karla y Rachel tiene un problema, que está un poco lejos de la UNLV. Y en esta ciudad el transporte público es una entelequia, y no me apetece comprarme un coche. Hoy le he pedido prestada la bicicleta a mi jefe y he hecho el recorrido hasta allí para ver cuanto se tardaba; 35 minutos. Más o menos como ir desde el Paseo Sta María de la Cabeza 67 al metro Concha Espina, donde tenía el curro de los arbolitos. Sí, lo habéis adivinado, me he comprado una bicicleta, bueno, la he encargado en una tienda de Boulder City y el jueves me la dan con portaequipajes y luces delanteras y traseras. A uno u otro lado del Atlántico, ¡ciclistas al poder!.

Bueno, llevo ya un par de folios y no quiero que me odiéis para el resto de vuestras vidas, pero os contaré algo sobre la ciudad. El único adjetivo que se me ocurre para la misma es DEMENCIAL. Como suponía, no he visto aún demasiados casinos y mi día a día va a estar bastante lejos de ellos. Estuve en uno el miércoles de la semana pasada porque quería cambiar de euros a dólares y me dijeron que en la mayor parte de ellos el cambio era muy bueno. Resultó serlo (1.52), y ya que estaba allí aproveché para recorrer el “Boulevard” y “Fremont Street”, las dos zonas donde están la mayor parte de estos lugares. Los casinos del “Boulevard” le cortan el aliento a uno con el despliegue de horterez montana y surrealismo extremo que se marcan. Son un concepto de culto al dinero muy “Xanadú” y le encantarían a Jesús Gil si todavía viviera, así como a la mayor parte de los habitantes de Madrid, la Comunidad Valenciana y los Monegros, por ejemplo. Los de Fremont Street, sin embargo, son más pequeños y tienen un toque “canalla”, setentero y decadente, que mola MUCHO. Están rodeados de restaurantes chinos y tailandeses, y entre ellos hay alguna calle poco recomendable, con yonquis, putillas y esas cosas que tiene la ciudad. En cuanto al resto de “Las Vegas” no es más que una eterna sucesión de espacios desmesurados en los que el automóvil es el rey INDISCUTIBLE del espacio urbano; avenidas con cinco carriles a cada lado, aparcamientos que parecen pistas de aterrizaje, Wal-Marts, gasolineras, y como no, “suburbs”. Se extrañan los sitios pequeños, recogidos, abarcables. Hay aceras, pero el campus de la UNLV es el único lugar de la ciudad en el que, de momento, he visto bancos y plazas PÚBLICAS. En el resto, es imposible socializar sin pagar. Estoy convencido de que estoy conociendo los EEUU de verdad; Nueva York es Londres con más rascacielos y más latinos.

También os diré algo sobre el curro. Quien me paga es LTER, que son las siglas de “Long Term Ecological Research”, un programa de la “National Science Foundation” para estudiar los cambios en los diferentes ecosistemas (que llaman “unidades”) del país a largo plazo. Teoricamente venía a trabajar con la “unidad LTER” del desierto Mojave y las “Spring Mountains”, aquí al lado, sin embargo, después de haber estado en Puerto Rico, y considerando mi ramalazo tropical (hablo desde lo académico, no penséis mal) mi jefe ha decidido que voy a trabajar con los datos que recogimos en el 2005 para el proyecto que tiene en esta isla, que también está dentro de LTER. He pasado de vivir en Madrid trabajando con datos de Nicaragua a vivir en Las Vegas trabajando con datos de Puerto Rico. Lo intento, pero no salgo del absurdo. Por lo menos trabajo con datos que YO MISMO he tomado y sobre lugares en los que HE ESTADO, lo que empieza a ser un tanto infrecuente en el mundillo de la Ecología (los que están en el ajo saben de que hablo). Ya os contaré más cuando empiece de verdad.

Deciros también, y con esto ya acabo, prometido, que los cuatro días que estuve en Puerto Rico, aunque tuve poco tiempo libre, me trajeron una avalancha de recuerdos muy buenos. Es extraña esa isla. Cuando estuve allí en el 2005 llegaba desde España y me pareció una especie de yanquilandia tropical infumable. Esta vez llegaba desde yanquilandia y Puerto Rico se me hizo genuinamente latinoamericano, saturado de ruido, color, exuberancia. Hubo un detalle revelador, el segundo día estábamos comiendo en una plaza cercana a donde tuvo lugar el congreso, en el barrio universitario de Río Piedras, y una canción que llegaba de una casa cercana se me metió en el oído y me produjo un latigazo por todo el cuerpo. Era “Óleo de mujer con sombrero” de Silvio Rodríguez. Me sentí en casa, mucho más cerca de mis recuerdos y mucho más cerca de vosotros... bueno, de ti no especialmente, Luigi, pero dejémoslo ahí.

Otro día os hablo de Obama y de Hillary Clinton.