domingo, 2 de marzo de 2008

Sobre el depar, el hogar y la vida cotidiana


A diferencia de las primeras semanas, en las que me pasé los días de un lado para otro, buscando casa y haciendo papeleos, esta que termina ha sido mucho más tranquila.

En el departamento, por fin parece que he empezado a tener una rutina. De momento no he empezado a trabajar con los datos del LTER de Puerto Rico, Lars está muy liado preparando las clases del semestre que viene y corrigiendo los exámenes del anterior y me ha pedido tiempo hasta el 13 de Febrero, día de nuestra próxima reunión, para organizarme un archivo ENORME (según sus propias palabras) con todo lo que tiene de allá. De momento ando preparando el último de los artículos de mi tesis (el único que aún no he enviado), y he alucinado con el número de publicaciones a las que tengo acceso desde la página web de la biblioteca. También he empezado a conocer un poco más a mis compañeros de trabajo y a participar en las distintas actividades semanales del departamento: el café de los miércoles, el seminario de los jueves, las cervezas de los viernes por la tarde.

En cuanto a la casa, deciros tan sólo que ha satisfecho totalmente mis expectativas. Karla y Rachael son encantadoras, y sus mascotas no dan tanto el coñazo como llegue a temer. Al igual que en Madrid, al llegar el curro me encuentro con un sitio acogedor y agradable. Lo que resulta asombroso es que la casa está totalmente TECNIFICADA, llena de maquinas extrañas y complejas que son usadas para las tareas mas simples. Sospecho que debe ser algo común en los hogares de este país, para hacer cualquier cosa siempre hay un “gadcheto-algo”; el “can-opener”, el “rice-cooker”, el “home-mixer”. El día de mi primera colada les pregunté a mis compas donde podía colgar mi ropa para que se secara, y me mostraron una enorme secadora en un rincón del garaje, ¿Realmente hace falta una secadora en una región como está, en la que la humedad relativa casi nunca sube del 50%?... ¡¡con lo bonito y ecológico que es canturrear mientras se cuelga la colada!!.

Estoy feliz también porque aunque aquí no hay BAH ni mercados de barrio, cerca de casa existen dos sitios fabulosos para hacer la compra, el “Trader Joe´s”, un supermercado californiano en el que sólo venden comida orgánica y procedente de pequeños productores, y el “Ranch Supermarket”, a tan sólo una manzana y especializado en productos latinoamericanos. El primero es un sitio ASOMBROSO que siempre está lleno de gente, lo que desmonta el mito de los estadounidenses como adoradores de la comida basura. Por lo menos en esta región, hay de todo como en botica. En el “Ranch” tienen tortillas de maíz y “Flor de caña”, mi adorado ron nicaragüense, a sólo seis euros la botella. Los domingos por la mañana el aparcamiento se llena de vendedores ambulantes de tamales que ofrecen su mercancía a voz en grito. Es maravilloso.

También he salido un par de noches por la ciudad y no está mal. He descubierto un par de bares bastante chulos de estética malasañera (“neoyorquina”, dicen por aquí). En “The Griffin” ponen cosas tipo Ramones, Grateful dead y Lenny Kravitz, y es un sitio muy bueno para conocer gente. El “Salon of Beauty” tiene música tipo “Sala el Sol” y es un sitio fantástico. El viernes pasado hubo sesión funky y el lugar se llenó de bellezas negras y “nipo-americanos” bailongos. Deciros también que esta semana he entablado contacto por primera vez con razas que no conocía (no penséis mal); me han presentado a un hawaiano y el otro día estuve charlando con un nativo americano, un “indio” pero no de los de la india.

Deciros también que esta semana hizo bastante frío y un día las sierras que rodean la ciudad amanecieron nevadas. Ayer precisamente estuve en una de ellas, en el parque natural del “Red Rock Canyon”. Subimos por un barranco profundo, desde la base, con vegetación típica de los desiertos de la zona, hasta la cabecera, donde tocamos la nieve. Por el camino, aguas cantarinas, roquedos espectaculares, ejemplares aislados de “Pinus ponderosa”, y enebros gigantes, “encinares”, sí como lo oís, de una especie de encina que no es la nuestra pero se parece. Y todo ello a MEDIA HORA de las luces de neón y las avenidas con cuatro carriles a cada lado.

Por cierto, el fin de semana que viene me marcho a San Francisco. Pensaba conocer esta ciudad, aunque no tan temprano, lo que ocurre es que si quiero votar en las elecciones (y eso es algo que ESTE AÑO está fuera de toda duda), tengo que darme de alta personalmente como residente temporal en el consulado que me corresponde. Y éste es el de la ciudad del “Golden Gate”.

Bueno, nada más que no quiero machacaros. El próximo correo, esta vez sí o sí, os hablo de los “caucus”, y de como se están viviendo los meses anteriores a las elecciones de por aquí.

Que tengáis una feliz semana.

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