Esta semana ha empezado con un par de días un poco deprimentes, y es que tras haber estado en San Francisco no dejo de preguntarme que coño hago viviendo en esta ciudad. Las vistas de la bahía con sus colinas verdeantes y envueltas en niebla, las casas decimonónicas, las calles en cuesta, el metro, los tranvías, las bicicletas por todas partes, los gigantescos parques plagados de gente y de música, las plazas, los barcos de pescadores en el muelle... Una ciudad increíble, sin duda la mejor de EEUU.
A parte de todo eso, tres cosas han hecho grande este fin de semana; la primera... ¡¡que me encontré a Oli, un amigo de Madrid, en una esquina de Chinatown!!. Ha sido fantástico, hemos pasado todo el fin de semana juntos y me ha presentado a una gente fabulosa. La segunda, que localicé un pequeño restaurante familiar propiedad de nicaragüenses en el que hacen unos nacatamales deliciosos, y la tercera, que conocí un vasco en el consulado que vive cerca del parque nacional de “Yosemite” y que me ha prometido alojamiento gratis si voy para allá.
San Francisco es también u enclave “liberal” (palabra que aquí quiere decir “izquierdista”). Es donde nació la contracultura de los años 60 y el legado de aquella época aún se respira en algunos barrios de la ciudad, particularmente en “Haight Ashbury” y en “Mission”. En este último hay innumerables mercados callejeros, cines, librerías, tiendas de segunda mano y murales espectaculares con elevado contenido político. MUCHAS tiendas muestran carteles contra las franquicias y a favor de los comercios de barrio, y MUCHAS casas muestran carteles en inglés y español contra la guerra de Irak. Todos los tópicos de este país pueden ser ciertos en otros estados y en otras ciudades, pero no en esta.
Bueno, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid os hablaré un poco de la política de este país. Aunque lo esperaba, me ha sorprendido la abrupta división entre quienes apoyan la política del presidente Bush y quienes la detestan. También me ha sorprendido que usen los términos “derecha” e “izquierda” para referirse a los republicanos y a los demócratas respectivamente. A veces escuchas el término “progressive”, que a mi me suena a bakaluten valenciano, pero significa “progresista”. Hace tiempo que el país no vivía una epidemia de euforia política de tal envergadura. En la radio y en la televisión hay debates a todas horas, y como ningún otro partido excepto los demócratas y los republicanos puede llegar al parlamento, las “primarias” se convierten en algo crucial para que triunfen unas u otras tendencias en cada uno de los bloques. La mayor parte de la gente del departamento apoya a los “demócratas”. Las corcheras de secretaría están llenas de artículos de “The Nation” (el “Le Monde Diplomatique” de aquí) y de chistes corrosivos sobre la política exterior de la administración Bush, y durante el café de los miércoles a veces se enzarzan los partidarios de Hillary y de Obama.
He leído los programas de ambos y me ha gustado mucho más el de Obama, que entre otras cosas, es el único que ofrece un plazo concreto para la retirada de Irak. También promete una mega-inversión en la sanidad pública. Su madre murió de cáncer a los 53 años por no poder pagar la operación y no deja de mencionar a los 50 millones de estadounidenses que no poseen ningún tipo de cobertura médica. Hillary cautiva a las mujeres blancas mayores, y por alguna extraña razón que no he podido descifrar, a los hispanos. Obama se lleva de calle a los negros y a los jóvenes universitarios. En el estado de Nevada, en el que hay muchas mujeres mayores y muchos hispanos, ganó Hillary. Me gustaría que las primarias demócratas las ganase Obama, pero dudo que lo haga, aunque ha hecho malabarismos para financiar su campaña (aquí si no eres millonario lo tienes jodido para presentarte), tiene a demasiada gente importante en contra, y no van a dejar que llegue a la presidencia.
En cuanto a los republicanos, pensaba que Rommey se iba a llevar el gato al agua, pero dimitió este fin de semana porque al parecer no gustaba demasiado a las bases del partido. La cosa va a estar entre el “abuelito” McCain y Huckabee, que encandila a la América profunda con su afilado verbo de predicador. Hay también otros candidatos de los que apenas se habla en España; Ron Paul, el “anarco-capitalista” que quiere suprimir el IRPF, y Kucinich, otro demócrata que pretende sacar las tropas de Irak en menos de un año y al que no apoya casi nadie excepto mi jefe.
Durante estos días también he reflexionado un poco acerca del pecado. A Las Vegas la llaman “sin city” (la ciudad del pecado), pero yo no le veo pecado ninguno a pasarse seis horas delante de una maquinita luminosa dejándose el sueldo de los últimos meses y mirándole el culo a las camareras. Cualquier noche en San Francisco, en Madrid o en Cuenca, leer según que libros o escuchar según que canciones puede ser más pecaminoso. ¡¡Que viva Jack Kerouac y que viva Joaquín Sabina!!.
Ya tengo casi terminado el artículo sobre el Trema micrantha y mañana día 13 tengo reunión con mi jefe. Van a ser varias horas, así que me voy a sobar.
A parte de todo eso, tres cosas han hecho grande este fin de semana; la primera... ¡¡que me encontré a Oli, un amigo de Madrid, en una esquina de Chinatown!!. Ha sido fantástico, hemos pasado todo el fin de semana juntos y me ha presentado a una gente fabulosa. La segunda, que localicé un pequeño restaurante familiar propiedad de nicaragüenses en el que hacen unos nacatamales deliciosos, y la tercera, que conocí un vasco en el consulado que vive cerca del parque nacional de “Yosemite” y que me ha prometido alojamiento gratis si voy para allá.
San Francisco es también u enclave “liberal” (palabra que aquí quiere decir “izquierdista”). Es donde nació la contracultura de los años 60 y el legado de aquella época aún se respira en algunos barrios de la ciudad, particularmente en “Haight Ashbury” y en “Mission”. En este último hay innumerables mercados callejeros, cines, librerías, tiendas de segunda mano y murales espectaculares con elevado contenido político. MUCHAS tiendas muestran carteles contra las franquicias y a favor de los comercios de barrio, y MUCHAS casas muestran carteles en inglés y español contra la guerra de Irak. Todos los tópicos de este país pueden ser ciertos en otros estados y en otras ciudades, pero no en esta.
Bueno, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid os hablaré un poco de la política de este país. Aunque lo esperaba, me ha sorprendido la abrupta división entre quienes apoyan la política del presidente Bush y quienes la detestan. También me ha sorprendido que usen los términos “derecha” e “izquierda” para referirse a los republicanos y a los demócratas respectivamente. A veces escuchas el término “progressive”, que a mi me suena a bakaluten valenciano, pero significa “progresista”. Hace tiempo que el país no vivía una epidemia de euforia política de tal envergadura. En la radio y en la televisión hay debates a todas horas, y como ningún otro partido excepto los demócratas y los republicanos puede llegar al parlamento, las “primarias” se convierten en algo crucial para que triunfen unas u otras tendencias en cada uno de los bloques. La mayor parte de la gente del departamento apoya a los “demócratas”. Las corcheras de secretaría están llenas de artículos de “The Nation” (el “Le Monde Diplomatique” de aquí) y de chistes corrosivos sobre la política exterior de la administración Bush, y durante el café de los miércoles a veces se enzarzan los partidarios de Hillary y de Obama.
He leído los programas de ambos y me ha gustado mucho más el de Obama, que entre otras cosas, es el único que ofrece un plazo concreto para la retirada de Irak. También promete una mega-inversión en la sanidad pública. Su madre murió de cáncer a los 53 años por no poder pagar la operación y no deja de mencionar a los 50 millones de estadounidenses que no poseen ningún tipo de cobertura médica. Hillary cautiva a las mujeres blancas mayores, y por alguna extraña razón que no he podido descifrar, a los hispanos. Obama se lleva de calle a los negros y a los jóvenes universitarios. En el estado de Nevada, en el que hay muchas mujeres mayores y muchos hispanos, ganó Hillary. Me gustaría que las primarias demócratas las ganase Obama, pero dudo que lo haga, aunque ha hecho malabarismos para financiar su campaña (aquí si no eres millonario lo tienes jodido para presentarte), tiene a demasiada gente importante en contra, y no van a dejar que llegue a la presidencia.
En cuanto a los republicanos, pensaba que Rommey se iba a llevar el gato al agua, pero dimitió este fin de semana porque al parecer no gustaba demasiado a las bases del partido. La cosa va a estar entre el “abuelito” McCain y Huckabee, que encandila a la América profunda con su afilado verbo de predicador. Hay también otros candidatos de los que apenas se habla en España; Ron Paul, el “anarco-capitalista” que quiere suprimir el IRPF, y Kucinich, otro demócrata que pretende sacar las tropas de Irak en menos de un año y al que no apoya casi nadie excepto mi jefe.
Durante estos días también he reflexionado un poco acerca del pecado. A Las Vegas la llaman “sin city” (la ciudad del pecado), pero yo no le veo pecado ninguno a pasarse seis horas delante de una maquinita luminosa dejándose el sueldo de los últimos meses y mirándole el culo a las camareras. Cualquier noche en San Francisco, en Madrid o en Cuenca, leer según que libros o escuchar según que canciones puede ser más pecaminoso. ¡¡Que viva Jack Kerouac y que viva Joaquín Sabina!!.
Ya tengo casi terminado el artículo sobre el Trema micrantha y mañana día 13 tengo reunión con mi jefe. Van a ser varias horas, así que me voy a sobar.
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